Los almohades fueron un pueblo originario del Norte de África que defendían un ideal religioso austero y ortodoxo. Su fundador, Ibn Tumat, fue autor de un movimiento de reforma religiosa que buscaba la vuelta a las bases más primitivas del Islam, esto es, al Corán.
Tras acabar con la hegemonía almorávide en el Norte de África, los almohades conquistaron toda esa zona y el sur de la península ibérica, forjando un imperio que se mantendría durante casi un siglo y que tendría su capital en Sevilla.
En 1212, sufrieron una gran derrota a manos de los cristianos en las Navas de Tolosa, derrota que marcaría el comienzo y el fin de la dinastía almohade.
Con los almohades, la arquitectura militar experimenta un enriquecimiento tipológico y un perfeccionamiento de su eficacia defensiva de gran transcendencia. Destacan las torres albarranas, siendo un claro ejemplo la Torre del Oro.
En el terreno decorativo destaca la sobriedad, el orden, y el racionalismo; no hay esa obsesión por el "horror vacui". Triunfan la lacería, las formas vegetales lisas y los paños de sebka.
Otra decoración muy utilizada por los almohades es la cerámica, en la que se aplica la técnica del alicatado.
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